"¿Por qué pasó lo que pasó en La Cueva y La Perla? ... Fijate: un tipo de clase media alta como Moris;
un tipo de clase media de barrio como Javier Martínez; un tipo de clase bohemia con padres músicos como Litto;
un tipo de clase baja, cabecita negra, de calle de Tierra como Tanguito; y un vagabundo sin clase como Miguel Abuelo.
La riqueza de ese intercambio en esas mesas de La Perla, entre pibes de 20 años, fue lo que hizo que ese grupo diera origen al rock nacional" (Pipo Lernoud)

sábado, 2 de mayo de 2015

DE LOS SANTOS, LALO: Tema de Rosario


Rosario es el Parque Independencia,
un silencio que huele a poesía sobre el rosedal.
Es el gris del cemento que arrulla un río somnoliento
que despierta al llegar un domingo de Newell's y Central.

Rosario es de mercurio en la avenida,
es un viento que peina palmeras en el boulevard.
Y en el centro es la mesa de un bar que añora al poeta 
cuyo vuelo a menudo se estrella en un suelo industrial. 

Rosario es mi infancia y mis amigos, 
mis viejos cantando a dúo alguna canción,
mi primer cigarrillo intentando sentirme más hombre 
para ver si lograba impactar a mi primer amor. 

Rosario es el colegio y las rabonas,
una cita en aquel Sol de mayo en función matiné, 
es el ciego Manuel delirando en un mundo de plástico 
con la magia que sus ballenitas suelen poseer. 

Rosario es el anochecer de un barrio, 
un mendigo que cuenta estrellas desde algún umbral, 
el compás de un tambor que siempre sonará en mi alma
donde el Topo Carbone jamás dejará de golpear.

Rosario es el arte y su condena 
cuando sabe que la indiferencia lo va a perseguir.
Y como tantas mis manos se hartaron de golpear las puertas 
y por no derrumbarme con ellas me tuve que ir. 

Rosario es ese invierno en que partimos,
mi mujer, nuestros miedos, la vida, la música y yo, 
y un dolor que crecía a medida que el tren se alejaba,
y unos ojos de almendra tratando de darme valor. 

Pero algo mío se quedó en sus calles. 
Hay un duende que en las madrugadas canta con mi voz. 
Y cruzando Echesortu aquel sueño de mi adolescencia 
que atrapó la leyenda de Pablo El Enterrador. 

La pucha que es difícil la nostalgia, 
pero es bueno si puede ayudarte a intentar ser feliz, 
y es tanta la gente y las cosas que uno siente que ama 
que no existe tiempo ni distancia para estar allí. 

Y así fue que la paciencia de Floresta 
me enseñó a ver a través del corazón
y me dio un balcón para inventarme un cielo, 
y ahí estás, Rosario, sos el sol, Rosario, 
porque aun no pudiendo abrazarte 
te siento igual.

(Rosario, 1956/2001)

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